Me miraban de reojo y se reian por lo bajo. Les pedí fuego y del bolsillo saque una rama para convidarlos ----y bajo un arbol del otoño nos quedamos chamuyando. Me contaron de sus vidas, sus triunfos y sus fracasos, de que el mundo andaba loco y hasta el cielo fue comprado. Mas miedo que ellos dos, me daba el propio ser humano.